El Burlador de Sevilla (JORNADA TERCERA)

El burlador de Sevilla

 

JORNADA TERCERA

 

Batricio se lamenta de la llegada de Don Juan , que le había hecho alejarse de su mujer y tener celos. Más tarde, aparece Don Juan y éste le comenta a Batricio que ha gozado de Arminta , después de que ésta le escribiese una carta en la que requería ver a Don Juan. Batricio se lamenta aun más y Don Juan planea ir a ver a ver al padre de Arminta para autorizar el engaño. Salen Arminta y Belisa. La esposa de Batricio se acuerda de su marido y de la melancolía, los celos y la confusión que debe estar atravesando. Arminta está perdida y no quiere volver a ver a Don Juan. Belisa oye que alguien se aproxima. Las dos mujeres se marchan y entran en escena Gaseno, Don Juan y Catalinón. Don Juan convence a Galeno para que la hija de éste, Arminta, sea su esposa. El padre de la joven se va. Don Juan ordena a su criado que ensille a los caballos para partir a la mañana siguiente hacia Lebrija. Catalinón advierte a su amo de la venganza que Dios tomará como consecuencia de tanto engaño. Don Juan no repara en las advertencias de su criado. El Tenorio se queda solo y comienza a llamar a gritos a Arminta. Ésta, que permanecía dormida, al oír los gritos pensó que era Batricio. La joven, al reconocer a Don Juan a esas horas de la noche sintió que estaba perdida. Arminta le ordena que sw marche. En cambio, Don Juan le advierte que ahora él es su esposo. Arminta, tras hacerle una serie de preguntas, pensó que era mentira. Don Juan, una vez más manifestó su falso amor hacia la joven, e informó a Arminta de que su matrimonio con Batricio puede anularse por engaño. Arminta le hace jurar a su futuro marido que esto no es un engaño y que cumplirá lo prometido. Don Juan entre tanto se burla de la chica alegando que ésta no conoce al Burlador de Sevilla. Salen Isabela y Fabio, quienes se encontraban en Tarragona, de donde partirían hacia Valencia y posteriormente hacia Sevilla. Allí Isabela deberá contraer matrimonio con Don Juan Tenorio. Fabio se marcha y aparece Tisbea, lamentándose del mar. Isabela se interesa por el lamento de la pescadora. Tisbea le cuenta que desea ir a Sevilla para pedir justicia por haber sido engañada por Don Juan Tenorio. La pescadora ruega a Isabela poder ir con ella y en compañía de Anfriso hacia Sevilla. Isabela acepta la propuesta y se marchan todos juntos. Salen Don Juan y Catalinón. El criado cuenta que Octavio y el Marqués de Mota ya se han enterado de sendas traiciones por parte de Don Juan. Además, el criado también le cuenta que Isabela se dirigía hacia Sevilla. Don Juan lo manda callar y le pregunta a Catalinón si ha encontrado posada, a lo que el criado responde afirmativamente. De repente encuentran el sepulcro de Don Gonzalo de Ulloa, al que el propio Don Juan dio muerte días atrás. Criado y amo se resguardan en una posada al llegar la noche. Ambos se sientan a cenar y de pronto llaman a la puerta. Uno de los criados acude a ver quien era y vuelve temblando. Catalinón, muy a su pesar, acude a la puerta para ver quien había tras ella. También volvió muy asustado. Don Juan coge una vela y se dirige hacia la puerta, donde encuentra al fallecido Don Gonzalo de Ulloa hecho piedra. Este había acudido a la posada aceptando así la invitación que Don Juan le había hecho en forma de burla. Don Gonzalo entra en la casa y se sienta a cenar, como uno más. Los criados no podían ocultar su temor y Don Gonzalo, mediante señas ordena que todos se marchen para quedar solo con Don Juan. El muerto le coge la mano al galán y se cita con él al día siguiente en la capilla. Don Juan promete acudir a la cita y Don Gonzalo se marcha muy lentamente. A continuación se va también Don Juan y entra en escena el Rey y Don Diego Tenorio. Hablan sobre Isabela y charlan también acerca de hacer a Don Juan Conde de Lebrija. Además discuten sobre el casamiento de Doña Ana, no con Octavio, sino con el Marqués de Mota. Entra Octavio, quien pide al rey licencia para poder vengarse de Don Juan. Don Diego sale en defensa de su hijo y comienza una acalorada discusión con el Duque. El rey intenta calmar los ánimos y manda que las bodas se celebren al día siguiente. Se marcha el rey, Octavio y aparece Don Diego Tenorio y el Marques de Mota. El Viejo le comunica que saldrá de prisión y el Marqués manifiesta su inocencia alegando que el verdadero autor del crimen era Don Juan. Se marcha Don Diego y salen Gaseno, Arminta y Octavio. Gaseno le pregunta al Duque si sabe donde está Don Juan. Octavio asiente y queda perplejo cuando Arminta le advierte que Don Juan era su futuro marido. Galeno cuenta que habían acudido al Alcázar para efectuar el casamiento, o bien, para quejarse y denunciar el engaño. Octavio, como venganza, manda a Arminta a vestir y le informa de que él mismo sería quien la llevaría a manos de Don Juan. Se marchan éstos y sale Don Juan y Catalinón. El criado le advierte que debe ir preparandose para el casamiento. En cambio, Don Juan se acuerda que antes tenía prevista la cena con el muerto Don Gonzalo. Acuden a la iglesia donde se habían citado. Entran rodeados de una inmensa oscuridad. Sale entonces Don Gonzalo. El muerto los invita a cenar. Al acabar la cena, Don Gonzalo pide a Don Juan que éste le dé la mano sin temor . Don Juan obedece y cuando le entrega su mano sentía que se abrasaba. Don Gonzalo se justificó diciendo que ésa era la justicia de Dios: “quien tal hace , que tal pague”. Don Juan intenta defenderse con su espada, pero no lo consigue. El galán, finalmente, cae muerto, hundiéndose junto con Don Gonzalo en la tumba. Catalinón consigue escapar arrastrándose y ve a sus espaldas la iglesia arder. El criado pretende ir a buscar a Don Diego Tenorio para relatarle lo sucedido. Aparecen el rey, Don Diego, Batricio, Galeno, Tisbea, Isabela, Arminta, Octavio y el Marqués. Entre todos comentan las traiciones y las burlas cometidas por Don Juan. El rey manda que prendan y maten al Burlador. Tras dar la orden, aparece Catalinón, quien comienza a relatar la terrible historia. Más que tristeza, lo que produce este relato en todos los presentes es asombro. Al conocer la noticia, inmediatamente reajustaron las bodas, Mota con Doña Ana y Octavio con la que sería la esposa de Don Juan, Isabela. El sepulcro de Don Juan sería trasladado a San Francisco, en Madrid.

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